El optimismo irreal de los propósitos de principio de año

En un estudio realizado en los últimos cinco años con la población de Castelldefels, Isep Clinic ha detectado que un 40% de la población de Castelldefels se propone realizar cambios en su vida a principios de cada año.

Ello nos ha llevado a plantearnos que un tanto por ciento muy elevado de la población no está satisfecha sobre cómo lleva a cabo su vida y tiene dificultades en realizar un cambio consistente. ¿Qué son y qué nos significan los propósitos de principio de año?

Nuestros propósitos son como una especie de guía a seguir, que nos proponemos, para tratar de apuntar a conseguir una vida como la que en realidad nos gustaría tener y no tenemos. Así, la población se plantea cómo podría ser su vida y trata de conseguir una mejora. Pero ¿es esto posible, o son fruto estos propósitos de un optimismo irreal?

Lo positivo de la autopropuesta es que tratamos de desarrollar una imagen de nosotros mismos de cómo podríamos ser en un proyecto de mejora, pero cada persona no es suficientemente consciente de que los propósitos traen consigo la reedición de los propios conflictos. Si nos proponemos cambiar un aspecto o hábito de nosotros mismos, ello va a implicar la aparición de todas aquellas dificultades que en otras ocasiones tampoco nos han permitido realizar el cambio deseado. Además, se convierte en una situación muy estresante proponerse realizar algo que al final no se consigue de nuevo, así todos los días nos encontramos expuestos al fracaso. Sólo la mitad de las personas que se proponen algo lo consiguen. Los propósitos más habituales son el de dedicarle más tiempo a la familia y a los amigos, el de hacer más ejercicio y el de disminuir el estrés. Pero debe tenerse en cuenta que si la propuesta que uno se hace es la de dejar de fumar, aparecerá la lucha permanente del fumador contra la adición; si la propuesta es la de ser menos sedentario, aparecerá la lucha contra la pereza, que esa persona tiene incorporada y que le impide llevar a cabo su objetivo año tras año y así sucesivamente. Los propósitos traen asociados nuestros propios conflictos.  Pero lo que en realidad pretenden todos y cada uno de nuestros propósitos es realizar un intento, de la persona, de gestión de su vida, para que el estrés no acabe afectándoles de la misma manera que siempre.

Para conseguir realizar nuestros propósitos personales para el nuevo año, no debemos proponernos objetivos generales, deben ser pequeños objetivos que a lo largo del año nos puedan llevar el propósito más general.

Nuestro optimismo irreal nos lleva a pretender ser radicales: eliminar totalmente el tabaco, ir tres días al gimnasio, correr 10 km el primer día, etc. Las cosas realizadas paulatinamente y con conciencia suelen ser mucho más eficaces que los cambios radicales, pero no tenemos paciencia para realizar dichos cambios progresivamente y ello nos lleva a encontrarnos con nuestros conflictos y a repetir la situación no deseada de nuevo. Cualquier propósito implica un cambio personal de relevancia que si se realizase, disolvería nuestros propios conflictos, por ello es necesario saber a qué nos estamos exponiendo, que es a la lucha contra aquella parte de nosotros que no nos satisface y que nos impide nuestro desarrollo personal continuadamente.

Un buen propósito sería tener propósitos todo el año y no solamente cada mes de enero de cada nuevo año, es decir, buscar la energía necesaria para conseguir tener continuidad en el tiempo respecto a nuestro propio deseo de mejora.

Mónica Dosil

ISEP CLINIC CASTELLDEFELS

Dr. Fleming, 26-28, 1º 2ª