Es el aire que respiras, estúpido

En los años 90, un asesor de Bill Clinton se hizo célebre en EEUU por lanzar un grito desesperado contra los argumentos del rival republicano en las elecciones a la Casa Blanca, George Bush padre. Éste se jactaba de tener a la mayoría de la opinión pública de su parte gracias a sus iniciativas bélicas en el mundo entero. En realidad, a la clase media estadounidense le comenzaba a crear serios problemas de supervivencia la economía del país, cada vez más débil e inestable. Este asesor demócrata, James Carville, sintetizó en la frase “Es la economía, estúpido” la esencia del mensaje clave de la campaña que finalmente llevó a Clinton al Despacho Oval. Este pasaje vino a mi memoria recientemente, viendo algunas reacciones airadas de determinadas personas, algo reticentes a los cambios, que se niegan a aceptar que el ser humano tiene que ir modelando su forma de vida a las necesidades actuales y futuras de nuestro planeta, cuyos recursos parecen cada vez más amenazados por nuestra especie.
En este mismo mes de marzo los gobiernos municipales de 40 ciudades metropolitanas han aprobado un plan de choque para preservar y mejorar la calidad del aire que respiramos en este entorno urbano. Una de las medidas más relevantes es la de limitar la circulación de los vehículos de más de 20 años de antigüedad. Con ello, junto a un plan para fomentar el transporte público y alternativo, se pretenden combatir los actuales índices de contaminación ambiental, cada vez más alarmantes. El gobierno de Castelldefels es uno de los ejecutivos locales que participan en este proyecto, que es un paso más en la línea de trabajo que ya han emprendido globalmente gobiernos de países que hace años que han tomado conciencia del punto de inflexión en el que nos encontramos. Hoy en día todos los análisis rigurosos y concienzudos sitúan el equilibrio y la sostenibilidad medioambiental como la clave para garantizar el futuro del planeta Tierra.
En contra de lo que pasaba en los últimos años, cuando alguna cabeza poco pensante decidió gastarse más de 20.000 € en desmontar la red de carril bici en el Paseo Marítimo, ahora Castelldefels está apostando por invertir en medidas que pueden mejorar las condiciones del aire que respiramos. Más kilómetros de carril bici, medidas que incentivan el uso del coche eléctrico, la ampliación de los aparcamientos de la estación de tren y la acción coordinada con las principales ciudades del entorno metropolitano son un buen ejemplo de esa conciencia medioambiental. A cada una de aquellas personas que confían ciegamente en el sistema productivo desenfrenado, en el liberalismo radical y en las posturas escépticas ante la gravedad de la crisis medioambiental actual, sólo nos queda recordarles que lo que está en juego es “el aire que respiras, estúpido”.