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Diumenge, setembre 19, 2021
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El Merendero del Hotel LIDO

Funcionaba como un servicio de playa para los turistas de la década del 1960.

Por Óscar López

El Hotel Lido fue construido por el Sr. Mora en 1947 y fue ampliado en los años 50. Posteriormente, en 1958 fue alquilado con opción de compra por el matrimonio de Miquel Davins i Pons y Ramona Capdevila i Bonet, que llegaron del Hotel Perico de Carmona, según cuenta el historiador local Jordi Navarro Pérez, cuyos padres fueron trabajadores del hotel, junto a la pareja del fotógrafo Mariano Cotán y María Rosa. Estaba justo en el Paseo Marítimo y la calle 10 (hoy hay una casa muy grande), enfrente se alzaba el Merendero, junto a la caseta del Sr. Lázaro.
Todos los trabajadores del Hotel Lido se marcharon al nuevo Hotel Colibrí en el año 1964, bajo la misma gerencia. Y el Merendero del Hotel Lido quedó en manos de la Sra. Eugenia como parte del pago de sus años trabajados, y ofrecía sus servicios a los turistas. Y es quien luego se lo alquila a “el Tero”, que trabajaba de camarero en Chiringuito Lancaster de Pedro y Santi Perdiguero.
Cuando hubo que renovar el arrendamiento del LIDO, Tarsicio García (El Tero) le quiso aumentar lo que pagaba y ella no quiso por considerarlos un hijo varón que no tuvo. Le pagó la deuda que tenía con Pepe, del Quebracho, y con Horacio Matanzo, quienes le prestaron las pesetas de entonces para hacer el primer contrato.
Era tal el éxito del Lido, que fue el primero en ofrecer música en directo, y entre los músicos que actuaron en su local hay que mencionar al Gato Pérez, uno que reinventó la Rumba Catalana (un Payo Argentino que vivía con los Gitanos del Barrio de Gracia) y que cuando llegaba a Castelldefels, se alojaba en el Hotel Tiburón, del Paseo Marítimo y la calle 11. Otros fueron La Orquesta Platería, muy conocida en toda Catalunya.

Y entre los visitantes habituales de la mano de Federico Sardà, el dueño de la mítica sala “Luz de Gas” de Barcelona, se convirtió en un sitio de moda: Loquillo, Lucrecia y el grupo Locomía pararon a tomarse una copa y el resultado fue muy fructífero, con un éxito total de público. Playa, música y diversión, el coctel ideal de las noches de Castelldefels en la década de los 80.

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