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Diumenge, setembre 19, 2021
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Felipe Sérvulo

presenta en nuestra ciudad su 11º poemario

Felipe, si hablamos de tu trayectoria en el mundo literario supongo que debes sentirte satisfecho: tienes varios premios de poesía de ámbito nacional, eres vocal de la ACEC Associació Col·legial d’Escriptors de Catalunya.
Cofundador de los colectivos de escritores El Laberinto de Ariadna y Alga. Eres premio Ciutat de Castelldefels y en 2001 recibiste El Lobo de Huelma otorgado por la Consejería de Cultura en Jaén de la Junta de Andalucía en reconocimiento a tu labor como escritor jiennense. Es significativo que te hayan premiado organismos oficiales de tus dos tierras. Además, eres Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona, columnista de La Voz y de Wall Street International Magazine en su edición en español, revista que se edita en seis idiomas.
También te han incluido en Antología actual de poesía española. La escritura plural. 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura. Fulgencio Martínez y Luis Alberto de Cuenca, ARS POETICA, Oviedo, 2019. Últimamente has coordinado con María José Voltes, Otra vez ayer. Relatos desde la cabaña, publicado por Rakuyen Kobo en español y en inglés. Libro surgido durante el confinamiento en recuerdo a los fallecidos por covid-19. En especial, a nuestro amigo y compañero Isidro Garrido. En él han colaborado algunos de los mejores escritores españoles.

Háblanos, por favor, del libro que quieres presentar.

Se trata de un poemario en el que he puesto muchas ilusiones. Ambientado en Japón y dedicado a Takumi, una persona muy cercana a mí. Hasta ahora, debido al confinamiento y esta pandemia que no cesa, no ha podido presentarse de forma presencial en ninguna parte. Tenía la editorial apalabradas presentaciones en muchos sitios que, por obvias razones, tuvieron que suspenderse. Espero que el 9 de septiembre podamos vernos ¡ya es hora! en nuestra Biblioteca RFJ a las 19 h, por supuesto con la inevitable incertidumbre, pero en algún momento hay que intentar volver a una vida «normal».

¿El porqué del título Mil grullas de origami?

Hay una leyenda en Japón que dice que si haces mil grullas de origami (papiroflexia) y pides un deseo, este se cumple. En un momento determinado nos llegaron noticias inquietantes de nuestra familia de allí. En mi fuero interno «hice» esas mil grullas y pedí el deseo. También el nombre lo he tomado de una obra del premio nobel japonés Yasunari Kawabata, titulada Mil grullas, una novela bellísima, una puerta abierta a la sensibilidad de Oriente, donde cada gesto tiene un significado.

¿Qué esperas de este poemario?

En cuanto a difusión, poco espero, aunque está editado en una de las más prestigiosas y antigua editoriales de poesía de España. Este eco tan limitado que tiene la poesía siempre ha sido así y desde luego la perspectiva no se ve que vaya a mejorar, si no todo lo contrario con los tiempos que corren, y no me refiero solo a la pandemia.
Recuerdo cuando comencé a publicar que todo el mundo me decía que perdía el tiempo, ya que apenas a nadie le interesa. Muchas veces personas que me han leído, luego me han escrito diciendo que mis poemas le han servido para salir de una etapa difícil de su vida. Otras, que les ha emocionado recorrer las páginas de mis poemarios. Con esos testimonios ya me considero más que satisfecho.

Y si te parece, en lugar de hablar yo, podemos reproducir algunas opiniones que me han llegado.

Rosa Lentini

Querido Felipe. He leído Mil grullas…, ese libro canción de cuna, juego infantil lleno de nostalgia, ternura y vuelo. Delicado, extremadamente delicado. Lo he leído de un tirón y lo he disfrutado. Esta noche lo dejaré en la librería. Espero que no eche a volar.
Un abrazo grande.

José Costero

Felipe Sérvulo es un escritor que pretende relacionarse profundamente con este mundo nuestro, a través del ser humano, de su cotidianidad, y compartir las angustias y sus esperanzas, en una posible, aunque sea quimérica, búsqueda de la certeza o falacia que envuelve el rutinario vivir, estableciendo una comunicación auténtica con los demás. Si alguien llama a la puerta / para estar con nosotros,/ hay que abrirle./ pg. 50.
La aparición de esta nueva obra de Felipe Sérvulo, editada en la legendaria colección El Bardo, nos ofrece la oportunidad de elucubrar levemente sobre literatura en estos tiempos un tanto infaustos.

Daniel Izquierdo

Celebro los poemarios ajenos con orgullo propio, me encanta que las personas que quiero escriban y lo hagan tan bien. Estas mil grullas son poesía en vena: pura, exacta, alta decantación de la sensibilidad.
Felipe Sérvulo destila en éste (hasta la fecha su último libro publicado) poemas descarga, versos de pararrayos.
Imposible leerlo y regresar al mundo sin más.

María Ángeles Lonardi

Para Felipe Sérvulo, las grullas son mucho más que papel, son muy importantes porque le recuerdan a su nieto, a Takumi, su “japo imperial” a quien está dedicado el libro.
Desde la primera a la última página este libro es un canto de ternura, un homenaje a la forma de vida, a la idiosincrasia de los orientales, un emotivo homenaje a la tierra que vio nacer al hijo de su hijo y que le ha dado tanto. Imagino que él quiere mil grullas para llegar hasta Japón y para mantener a su nieto cerca a pesar de las distancias que los separan. Unámonos con el autor a través de su libro, haciendo realidad las “Mil grullas de origami”, por si ocurre el milagro.

Vicente Valero – Costa

He disfrutado a base de bien con tu cofre de joyas. El prólogo, excelente, compendiaría mis impresiones: intimista, cuajado de ternura, nostalgia, humanismo, melancolía. Las palabras, cada una, son joyas que el orfebre ha labrado con mimo y primor, y el resultado no podía ser otro que una antología de belleza, belleza estremecida.

Lázaro Covadlo

Felipe Sérvulo sabe nombrar. Si alguna cualidad es importante en un poeta, esta es la de saber nombrar el mundo. Sérvulo sabe nombrar los pensamientos más profundos, los instantes dotados de mayor magia, el aroma de los sentimientos. Felipe Sérvulo es un nombrador. Es decir: un poeta. En los años en que aparecen versificadores que sueltan palabras sin sustancia, la presencia de un creador auténtico, alguien que sabe precisar los nombres y dirigirlos a un destino cierto y único (como el arquero que clava sus flechas en el centro exacto de la diana) es motivo de dicha. Felipe Sérvulo dota a las palabras de sentido. Las une con infalible maestría.
«Intento conectar las palabras, / pero hay alguna que se resiste. / Digamos, / que no se deja utilizar por mí, / sencillamente me confunde.» (Capítulo primero “Ayer por la mañana”). Pero él es utilizado por las palabras. Porque es un verdadero poeta. Un nombrador.

Maite León


He leído tu poemario. Me ha gustado mucho, y como siempre, ese pellizco que me dejan tus poemas. Es como si ya los conociera, porque algo dentro de mí me alerta que conozco el camino. Navegar contra el viento, intentando no naufragar, y sentir el regusto de estar siempre a destiempo en tu recorrido. Querido Felipe, cuando te leo, se forma un nudo en mi estómago, que es donde debo tener el corazón, que duele, pero qué me hace sentir viva, y con fuerzas, pese a todo, para seguir luchando contra el viento de la vida.

Noemí Trujillo
Comencé a leer a Felipe Sérvulo cuando firmaba con el nombre de Felipe S. González. El primer libro de Felipe que cayó en mis manos fue su segundo poemario publicado, Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996) y sólo dos versos fueron suficientes para enamorarme del trazo limpio de su poesía: “Si me llamas y no estoy, / déjame grabado un sueño”. Entonces entendí cómo sucede ese milagro de pintar imágenes que parecen reales con palabras concisas y exactas; y supe que tenía mucho que aprender de él. En cada nuevo poema del libro aparecían dibujados, como si de una acuarela se tratara, restos de un naufragio conocido: “Por la mañana, / cumplido el rito, regresaremos / al puro formulismo / de las despedidas”. A partir de entonces y en cada uno de sus libros, he encontrado en las estrofas de Felipe estrellas, puntos de nostalgia, lirios cortados, y la sombra de la tradición que todo poeta que se precie debe llevar a sus espaldas.

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