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Dijous, desembre 2, 2021
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Las maquetas de Enrique

Enrique Barrios Sáez nació el 4-8-1943 en Cañizal, provincia de Zamora. A los trece años se fue a vivir a Monfarracinos, a cuatro kilómetros de Zamora, en la comarca de la Tierra del Pan. Fue al colegio hasta los 14 años (como mis padres, era lo corriente en la época) y después empezó a trabajar en las faenas agrícolas. En el año 1969 se vino a vivir a Barcelona y reside hace tiempo en Castelldefels. Se dedicó al transporte hasta la fecha de su jubilación en 2008. Una vez jubilado, comenzó esa afición suya por la construcción de maquetas.
Tiene en su casa un pequeño taller repleto de herramientas, piezas, tornillos, etcétera y allí pasa sus ratos de ocio fabricando las espléndidas maquetas que he podido ver hoy. Las primeras maquetas que me ha enseñado tienen relación con el mundo agrícola de su pueblo zamorano. Entiendo (esta es mi opinión) que a través de esta afición Enrique recuerda los tiempos de infancia y juventud que vivió allí en la Tierra del Pan, curiosamente cercana a la Tierra de Campos, origen de mis padres. Vamos, que somos casi paisanos.

Como decía, he visto dos tipos de trillos, azadas, hoces, horcas, bieldos, etc. Había también un tractor con su arado y su remolque. También una máquina limpiadora de cereal con un motor incorporado que hace que se mueva como una de verdad. Una sierra circular que también tiene su motor para que gire. Otra maqueta es una noria con su borriquillo y todo y el mecanismo de extracción de agua. También ha hecho una de un horno de pan muy conseguida, como todas.

Enrique y su esposa van cada verano al pueblo y mantienen el contacto con la familia y sus raíces. De esas raíces se alimenta la creatividad de Enrique para realizar esas precisas maquetas.

Las dos maquetas que más me han impresionado son la casa del pueblo y la Iglesia de Monfarracinos. Las maquetas reproducen exactamente tanto la casa como la iglesia. Enrique las realiza con trozos pequeños de baldosa que prepara con una cortadora de baldosas y pega con cemento y luego pinta. La iglesia incluso está iluminada por dentro.
Este paseo por la casa de Enrique ha sido como pasear por un pueblo, me ha recordado mucho a Sahagún, el pueblo de mis padres. Ha sido una experiencia muy agradable, ya que yo conozco la mayor parte de las cosas que he visto allí en miniatura.

Quiero desde aquí agradecer a Enrique y su esposa su amabilidad y hacer hincapié en la perfección y laboriosidad de las maquetas que hoy he podido contemplar.

NOTA DE REDACCIÓN:

Desde – LA VOZ – damos las gracias a FLORS PARADÍS por habernos facilitado el contacto de Enrique

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