CHIRINGUITOS HISTÓRICOS

“Crónica de una muerte anunciada”
Por: Carlos Parragués Tadeo
Exconcejal de Comunicación del Ayuntamiento de Castelldefels

Una vecina se desmaya y cae sobre la arena mientras otra grita al contemplar cómo caen los muros de su vivienda. Ramon Josa, fotografia

Fui testigo presencial de la demolición de nuestra playa de Castelldefels. Junto con mi amigo Agustín Marina Pérez, en ese entonces Alcalde de la ciudad y notorio opositor de que se llevara a cabo la ejecución de “La Ley de Costas” con el derribo de casetas y chiringuitos.

Cuando las máquinas excavadoras comenzaron a trabajar, allí notábamos la angustia y el dolor de quienes durante tanto tiempo nos complacieron con sus servicios de hostelería.

Fue triste ver como caían esos que fueron símbolos de nuestra playa y muy conocidos en Barcelona. Y muchos de los que se oponían se colocaban delante de las maquinas, para evitar su destrucción y hasta una señora se desmayó por la emoción.

Poco a poco iban cayendo los pequeños edificios, era el 7 de julio de 1992. Y como jaurías de perros hambrientos comenzaron a llegar chatarreros y oportunistas para llevarse lo que podían, pues algunos propietarios desoyeron la orden de vaciar los locales y viviendas, manteniendo dentro sus enseres.
Uno a uno fueron cayendo y la arena de nuestra playa se mojaba con las lágrimas de propietarios, arrendatarios y los que estabas allí contemplando lo que ocurría en aquel momento tal especial.

Compás, Pineda, el Barquito y Karrasco. Fue un tiempo exclusivo en la playa con grandes experiencias como el Costa Rica, Bella Vista y el Tío Joaquín. Y otros como el Pilufa que marcaba el inicio de la ruta tan particular por ser el primero desde el límite de Gavà.

Desaparecieron más adelante en el año 1996, verdaderos templos gastronómicos como, por ejemplo, El Lancaster, donde los hermanos Perdiguero eran capaces de hacer 6 y 8 paellas a la vez con un escaso fuego como si fuera de un mechero, junto con La Vespa. Y por la noche allí estaba el Lido, dirigido por el popular Tero, uno de los mejores relaciones públicas de la fiesta de la época. También el últimos en caer el legendario Patricio, en su momento el Rey de las Parrillas, que permaneció como representantes de todos ellos hasta el año 2008.

Hoy algunos los recordamos con mucho cariño y queremos brindar este homenaje, esperando que este capítulo de nuestra ciudad no quede olvidado y forme parte de la historia de Castelldefels.

Agustín Marina Pérez, alcalde de Castelldefels, hablando con los afectados y, detrás, a su espalda Carlos Parragués Tadeo y su padre son testigos de los derribos.
Ramon Josa, Fotografia

Había una vez…, un embarcadero en el corazón de la playa donde llegaban diariamente cerca de 200 turistas que invadían la zona de Playafels, tenía dos niveles con un bar.
Fue por orden del Almirante Cervera en el año 1962 y por razones de seguridad, ya que comprobó in situ como dos turistas alemanes se lastimaban por culpa de la falta de mantenimiento del embarcadero, que estaba muy abandonado. Y habían ocurrido otros accidentes anteriormente. Parece que un barco atracó mal y dañó la estructura del muelle.

Y así desapareció el muelle de Castelldefels. En manos del sargento Lorenzo León Arroyo, que dio la polvera para la destrucción al cabo Sierra de la benemérita.

Los chiringuitos derribados fueron todo un símbolo carismático de una época de Castelldefels, para luego convertirse en la Ciudad Turística del Baix Llobregat.

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