Todavía nos impacta

Sé que me voy a “meter en un jardín” desde el primer párrafo, al escribir sobre la canción que representará a España en Eurovisión este año…, y llevo un par de días reflexionando sobre si debo hacerlo, pero al final me pasa como al escorpión del cuento y hago mías sus palabras: “Lo siento ranita. No he podido evitarlo”. Pues ahí van, de manera cronológica, mis reflexiones.
El domingo siguiente a la final del Benidorm Fest 2024 comencé a recibir mensajes de amistades sobre la letra de la canción y reconozco que en un inicio me resultó atrayente, pero al buscar el vídeo de la actuación me rechinó sobremanera que justamente la cosificación que siempre he detestado en otras actuaciones televisivas en las que la mujer es un simple objeto decorativo y sexualizado, aparecía en forma de dos varones vestidos y moviéndose al mejor estilo “Mama Chicho” o “Cacao Maravillao”. El martes, en el grupo terapéutico para mujeres víctimas de violencia machista, una de las participantes hizo alusión a la polémica de la canción y como no todas la habían escuchado todavía, buscamos la letra y visionamos un pedazo en Youtube. Algunas mujeres comenzaron a sentirse muy incómodas, incluso ansiosas porque les recordaba lo que sus exparejas les habían gritado en algún momento violento.
No sé hasta qué punto es buena estrategia darle la vuelta al insulto para desarmar la violencia machista…, quizás cuando muchas de nosotras lo relacionamos con tanto daño físico y psicológico, es mejor dejarlo de emplear con ese significado ofensivo y no “blanquearlo”. Y es que no me imagino utilizando el adjetivo “zorra” para calificar a mis amigas por muy empoderadas y dueñas de sus vidas que las perciba -como tampoco utilizaré “puta” o “fulana”-.
Considero que otras y otros cantantes han cantado o escrito canciones comprometidas con una sociedad libre de violencia machista, que tratan a la mujer de forma respetuosa e igualitaria, y que han llegado a todo tipo de público. Y para muestra: “Malo” de Bebe, “la Puerta violeta” de Rozalén, “Lo malo” de Ana Guerra y Aitana, “Déjala que baile” de Alejandro Sanz, Melendi y Arkano, “La gent que estimo” de Oques Grasses y Rita Payès… Y sí, Rigoberta Bandini, todavía “nos impacta la palabra zorra” porque como explicas en tus declaraciones en la alfombra roja de los premios Goya: “todavía hay mucho que trabajar”, pero lo que no me convence es la opción de resignificar determinadas palabras que a muchísimas mujeres todavía nos provocan demasiado malestar. Quizás también se debería tener en cuenta ese punto de vista. Mi experiencia de psicoterapeuta me indica que es mejor hacerlo con un lenguaje y unas formas “de las mujeres”, como explica Meryl Streep en un coloquio organizado por The Washington Post con su tesis de “hablar mujer y hablar hombre” (les recomiendo que lo busquen en cualquiera de las redes sociales. Es muy ilustrativo el final con mansplaning de la actriz incluido). Quizás darle la vuelta al insulto es “hablar hombre” y por eso no me parece adecuado.