
Hay pocas imágenes más veraniegas que una sombrilla, una toalla y un libro. En Castelldefels, esa estampa forma parte del paisaje desde hace más de tres décadas gracias a la Biblioplatja, un servicio público que funciona desde 1992 y cuyo objetivo fue, y sigue siendo, convertir la lectura en una compañera habitual de los días de playa.
La idea nació con una premisa sencilla: acercar la lectura a las personas allí donde pasan gran parte de su tiempo durante los meses estivales. En lugar de esperar a que las y los lectores acudieran a la biblioteca, la biblioteca decidió acercarse a ellos. Así surgió la Biblioplatja, un espacio ubicado junto al paseo marítimo que permite disfrutar de libros, revistas, prensa y actividades culturales a pocos metros del Mediterráneo.
Desde hace años, este espacio lleva el nombre de Carme Romaní, una figura muy querida y reconocida no sólo en el ámbito cultural y bibliotecario de Castelldefels, sino también en toda Catalunya, ya que desde el Grup de treball de Biblioteques Infantils i Juvenils del Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya (COBDC), se instauró un premio que lleva su nombre y que tiene como objetivo “el reconocimiento a todas aquellas personas que de forma más o menos anónima, a menudo con más ilusión que no recursos, llevan a cabo pequeños proyectos de animación a la lectura”.
Desgraciadamente, no llegué a conocer personalmente a Carme Romaní. Cuando llegué al Ayuntamiento como concejala, ella ya se encontraba de baja por enfermedad y no tuve la oportunidad de compartir con ella el día a día de la gestión cultural. Sin embargo, recuerdo que varias personas del equipo técnico del área de Personal, y también de Cultura, me comentaron la ilusión que le haría una llamada. Siguiendo la recomendación, tuve la oportunidad de mantener con ella un par de conversaciones telefónicas que recuerdo con especial cariño.
Fueron charlas breves, pero suficientes para percibir la cercanía, la pasión y el compromiso de una persona que había dedicado buena parte de su vida profesional a acercar los libros a la ciudadanía, en especial a “los locos bajitos”, parafraseando el título de la canción de Joan Manuel Serrat.
Cada verano, cuando una niña o un adolescente descubren una historia entre la arena y el mar, cuando una familia comparte un cuentacuentos al atardecer o cuando alguien encuentra unos minutos de calma leyendo frente al Mediterráneo, una parte de ese espíritu sigue presente. De alguna manera, Carme Romaní continúa acompañando a quienes se acercan a la Biblioplatja, porque las personas que dedican su vida a sembrar cultura nunca desaparecen del todo: permanecen en los proyectos que impulsaron, en los recuerdos de quienes trabajaron con ellas y en las generaciones de lectores que ayudaron a formar. Gràcies, Carme!





