FERNANDO LORZA, el rito de mirar

En paralelo a ese acto de resistencia que es hoy ir al teatro, comienza a masificarse la producción de películas de palomitas y sofá. Proyectos que antes llevaba años realizar. Entonces me hago una pregunta, tal vez retórica: ¿Se podrá hacer en el futuro una película como El Padrino?

Fernando Lorza ve, lee, escudriña, estudia, escribe y opina sobre lo que algunos llaman «una fábrica de sueños». Ignoro de dónde ha salido tal definición, pero me parece muy hollywoodiense, si se me permite el adjetivo, porque hay otro cine de denuncia que más que soñar, nos da motivos para reflexionar.

Su condición de director del programa Fuera de campo, de Ràdio Castelldefels, le permite asistir a los pases de prensa de los títulos que se van a estrenar, lo que supone ver y reseñar entre 200 y 250 películas al año. Tiene, lo que se dice, una jubilación activa y cinematográfica.

No reniega del cine que pueda verse en plataformas, pero prefiere una sala con pantalla grande, pues como él dice, “el rito todavía es importante”. Las plataformas son cómodas y bastante más baratas, porque, sobre todo, permiten acceder a muchos más títulos. Es cliente de Filmin que, según me comenta, tiene un catálogo aceptable. También de Movistar que, de vez en cuando, ofrece alguna joya o aborda los Goya, los Óscar y otros temas interesantes. Las demás tienen una oferta mucho más pobre y totalmente prescindible.
En cambio, no termina de engancharse a las series, por el excesivo tiempo empleado, el esfuerzo y el modelo repetitivo. Alguna le ha gustado, pero son pequeñas alegrías en un océano de propuestas que no le interesan.

A veces, también se pone detrás de una cámara y dirige. Por ejemplo, con textos basados en mi libro, Hogar del transeúnte, donde logró un diálogo con el espectador que mantiene el interés durante más de quince minutos con un discurso directo y limpio. Allí está la magia, ya que el director transforma lugares para hacerlos diferentes, a pesar de haberlos visto toda la vida, vivirlos, describirlos y publicarlos, como en este caso yo lo percibí en el estreno una tarde inolvidable de octubre en el Espai Margarida Xirgu de Castelldefels.

Ha hecho más cortos, a veces compartiendo la dirección con otra persona, porque dice que es mucho más divertido. Ha realizado un buen puñado de vídeos didácticos para escuelas, algunos documentales, algún encargo y alguna colaboración en proyectos de amigos.
Además, confiesa haber visto por enésima vez Casablanca, porque los directores de cine, como él, siempre señalan nuevos horizontes por descubrir y tantos diálogos que resumen esa naturaleza de amor, cinismo y sacrificio, motor que mueve el mundo y la película:

Rick: «De todos los cafés de todas las ciudades de todo el mundo, ella entra en el mío».

Rick: «Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido. Lo hemos recuperado esta noche».

Ilsa: «El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos».

Rick: «Si ese avión despega y no estás con él, lo lamentarás. Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto y para el resto de tu vida».

Tanto nos queda por visionar, tanto por vivir.Tanto por rodar.

The End. Se acaba la proyección, pero hay que seguir soñando. Condición imprescindible, para seguir viviendo.